La mayor parte del territorio español aún es, nítidamente, un escenario de naturaleza rural. En este espacio, más del 85 % de nuestro país, se concentra la totalidad de la actividad productiva primaria y con ello nuestra capacidad para asegurar la independencia y la soberanía alimentaria. Pero es también, al mismo tiempo y en una valoración cada vez más reconocida, el espacio común inherente a la conservación de la biodiversidad natural. Incluso es más cosas; es el referente emocional de nuestros símbolos e identidades nacionales, la esencia de lo que es nuestro país, el soporte de unos bienes y servicios ambientales cada vez más demandados por la sociedad, y el depositario de la mayor parte de nuestro patrimonio cultural y artístico.

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